Cuando Jenni Metcalfe inició su carrera en comunicación de la ciencia a finales de los ochenta en Australia, ni siquiera se hablaba de esta profesión. Ella misma pensaba que su rol era ayudar a la comunidad científica a comunicar sus investigaciones. Con los años fue descubriendo que investigar sobre comunicación de la ciencia y practicarla era mucho más complejo.
Hoy Jenni Metcalfe es una de las comunicadoras de la ciencia más relevantes del mundo. En 1996 se integró al Comité Directivo de la Red Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y Tecnología (PCST, por sus siglas en inglés), la comunidad de comunicación de la ciencia más grande del mundo. Y desde junio de 2021 se convirtió en su presidenta y la encargada de organizar la conferencia mundial del PCST, que se llevó a cabo del 11 al 14 de abril, en Rotterdam, Países Bajos.
Desde el primer día en Rotterdam, Jenni no ha dejado de saludar a la gente. Sonríe, abraza, escucha atenta cada sesión. Cuando Jenni habla, las personas la escuchan y le aplauden. Reconocen en ella el esfuerzo de décadas para fortalecer la comunicación de la ciencia, desde la investigación y la práctica, y por hacer una conferencia cuyo tema fue crear un terreno común, construir conocimiento en colectivo y redirigir esfuerzos hacia una comunicación de la ciencia con menos prejuicios, más abierta al diálogo y sensible a las diferencias. Conversamos con ella desde Rotterdam un día antes de que termine la conferencia y de que concluya su gestión como presidenta del PCST.
¿Cómo empezó tu carrera en la comunicación científica?
Fue más o menos un accidente. Cuando terminé la preparatoria no podía decidirme entre el periodismo o la ciencia, así que acabé estudiando ambas. Y después de trabajar como periodista durante un corto periodo, solicité un trabajo en una agencia de investigación científica en Australia llamada CSIRO y eso combinaba perfectamente mi pasión por la ciencia y por el periodismo. Así fue como entré en esto.
¿Cómo era el contexto de la comunicación de la ciencia en esos años?
Estamos hablando de hace 34 años. El término comunicación de la ciencia no se había acuñado en ese momento. Ya habían ocurrido un par de conferencias PCST, pero era un pequeño grupo. Se hablaba más de estudios de ciencia y sociedad, historia o filosofía de la ciencia. No era realmente sobre la práctica de la comunicación de la ciencia.
Y en ese entonces, ¿cuál creías que era tu rol como comunicadora de la ciencia?
Al principio pensé que mi papel era el de traductora; ayudar a los científicos a explicar su trabajo de forma sencilla para que la gente lo entendiera y pudiera acceder a él. Creo que también había una parte de mí —porque era una apasionada de la ciencia, en particular de las ciencias ambientales— que quería promover y predicar sobre la ciencia. Pero esa idea evolucionó. Por lo menos hace 15 o 16 años empecé a darme cuenta de que la base de la comunicación efectiva está en las relaciones entre las personas. Incluso si estás hablando de la comunicación unidireccional a través de los medios de comunicación, las relaciones entre comunicadores, científicos y ciudadanía pueden marcar la diferencia a la hora de escuchar e interpretar las historias que se comparten.
¿Qué hizo que cambiara tu visión hace 15 años?
Me di cuenta de que cuanto más se adentra una en la ciencia, más incertidumbre hay, y que como comunicadoras no sólo debíamos ser porristas de los científicos, sino tener una posición crítica hacia la ciencia. Supongo que mi faceta de periodista se vio reflejada en eso. Entendí que la ciencia —la occidental, en particular— es sólo una forma de conocimiento y que, sobre todo en los campos del medio ambiente y la ecología, hay muchas otras formas de conocimiento. Supongo que me di cuenta de que había que cambiar el poder de la ciencia en todo el proceso de comunicación.
¿Cuándo empezaste a darte cuenta de la importancia de este tipo de conferencias para conocer y fortalecer la comunicación de la ciencia con una perspectiva global?
Creo que lo sabía desde el inicio, pero las conferencias fueron cambiando. En la de Melbourne, Australia [1996], tuvimos un buen número de personas que estaban involucradas en la práctica de la comunicación científica y menos participantes involucrados en la investigación. Y en la siguiente, en Berlín, hubo un esfuerzo consciente por parte de la organización para tener una mezcla de ambos. Creo que eso ha aumentado con cada conferencia y que la de Rotterdam podría ser una de las mejores en tener esa mezcla. La investigación puede aprender de la práctica y viceversa.
¿Cómo planearon esta conferencia? ¿En qué sentido crees que se diferencia de las anteriores?
Esta conferencia se centró mucho en la diversidad, la inclusión, la apertura y la equidad. Todas las ponentes principales son mujeres, no fue algo deliberado, pero cuando vi que lo eran pensé que era representativo de un campo en el que la mayoría de los académicos y practicantes de la comunicación de la ciencia son mujeres, así que es más representativo de lo que ha sido nunca en el pasado. Como organizadora, también intenté alejarme del formato tradicional en el que alguien da un discurso y el público hace preguntas, o en el que hay un panel y sólo entre ellos debaten. Hicimos diferentes formatos para involucrar a la gente a debatir sobre cuestiones que son fundamentales y críticas, lejos del formato clásico del erudito.
Además, espero que esta conferencia haya demostrado que no necesitamos que venga gente de fuera de nuestra comunidad a decirnos lo que tenemos que hacer, como hemos hecho en plenarias en el pasado, sino que podemos recurrir a nuestra propia comunidad, aprender los unos de los otros y escuchar su riqueza.
¿Crees que la comunidad de comunicación de la ciencia global debe volverse más inclusiva y diversa?
Sí, creo que la gente es cada vez más consciente de ello. Hoy soy consciente de la necesidad de analizar mis propios prejuicios y sesgos. Me encantaría no pensar nunca en la raza o el género, pero es evidente que lo hago porque tenemos prejuicios implícitos que ni siquiera sabemos que tenemos a nivel individual. Creo que es necesario que todas las personas que hacemos práctica o investigación en comunicación de la ciencia examinemos nuestros propios sesgos. A veces, incluso, puede haber discriminación inversa. Ya sabes, cuando hay un viejo hombre blanco, entonces se convierte en objeto de discriminación.
¿Cómo trabajar en colectivo para hacer estos cambios en nuestra propia comunidad de comunicación de la ciencia?
Creo que tenemos que ser amables los unos con los otros, y generosos; dar a la gente el beneficio de la duda; tener una conversación con ella y hasta decirle cómo nos hizo sentir su comportamiento. Pero hay que escucharlos también, intentar explorar de dónde vienen esos sesgos. Hay que intentar entender realmente lo que la gente piensa para averiguar si hay potencial para que cambie.
Creo que, en la práctica de la comunicación científica, hay dos cosas críticas: la primera es la capacidad de escuchar. Y mucho de eso se trata de ir y hacer preguntas y realmente escuchar las respuestas sin hacer suposiciones. La segunda cosa es la amabilidad; es darse cuenta de que todos tenemos nuestro propio contexto cultural y bagaje, que todos estamos lidiando con diferentes problemas en nuestra vida de diferentes maneras. Hay que reconocerlo y no juzgar, ni clasificar a esa persona como una cosa u otra. Es muy importante cuando estás tratando de reunir a personas con diferentes orígenes y diferentes valores para crear, cocrear y codiseñar algo que realmente puede ayudar a todos.
Me dijiste que las primeras conferencias PCST fueron muy pequeñas. Ahora son muy grandes, con cientos de participantes. ¿Crees que esta tendencia es positiva? ¿Que entre más grande es una conferencia es mejor?
Es una gran pregunta. Probablemente una de las conferencias que más he disfrutado ha sido la de Turquía, en la que, por motivos políticos, varios participantes no pudieron asistir, pero eso dio lugar a una gran riqueza de conversaciones. Sin embargo, tampoco creo que el tamaño de las conferencias defina las buenas conversaciones. Aquí, en Rotterdam, nos hemos asegurado de que haya muchos descansos de media hora para comer y eventos sociales para permitir que se establezcan contactos y ocurran esas conversaciones. Y creo que sí han ocurrido.
Finalmente, Jenni, en dos años esta conferencia será en Aberdeen, Escocia. Con la experiencia de Rotterdam, ¿qué tipo de conversaciones quisieras ver en esa y las próximas conferencias?
Esperaría ver menos discursos sobre que necesitamos tener confianza en la ciencia, o que tenemos que superar a los antivacunas, y más una conversación sobre cómo la investigación y la enseñanza de la comunicación científica pueden contribuir a la participación y al diálogo. Y de cómo podemos compartir conocimientos en beneficio mutuo.
Crédito de fotografías: PCST Network
Como comunicadoras no sólo debemos ser porristas de los científicos, sino tener una posición crítica hacia la ciencia.
Me di cuenta de que había que cambiar el poder de la ciencia en todo el proceso de comunicación.
En la práctica de la comunicación científica hay dos cosas críticas: la primera es la capacidad de escuchar. La segunda es la amabilidad.