La curiosidad es una fuerza discreta pero persistente. Suele empezar con algo pequeño: una pregunta que asalta al mirar el cielo o al desarmar un objeto para entender cómo funciona. Sin embargo, cuando esa chispa se organiza y se suma a la voluntad de cientos de personas, deja de ser una inquietud individual para convertirse en algo monumental. El resultado son las "supermáquinas", la materialización física de una apuesta colectiva por lo desconocido que va mucho más allá de la simple ingeniería.