Obsidiana Digital

De los aceleradores a la IA… y de regreso

Deslizar keyboard_arrow_down
Escrito por:
Publicación: calendar_month 9 de marzo de 2026

Los aceleradores de partículas y la inteligencia artificial parecen, a primera vista, mundos muy distintos. Unos son enormes instalaciones donde haces de partículas viajan casi a la velocidad de la luz; la otra está formada por algoritmos que operan en computadoras. Sin embargo, ambos están profundamente ligados. La razón es simple: un acelerador moderno genera más datos que casi cualquier otro experimento científico. Para encontrar, entre billones de colisiones, aquellas que podrían revelar fenómenos desconocidos, fue necesario desarrollar métodos avanzados de selección y análisis de información. 

 

Desde los años ochenta surgió el primer gran desafío: decidir, en fracciones de microsegundo, qué colisiones valía la pena conservar y cuáles debían descartarse. A estos sistemas se les conoce como triggers, mecanismos automáticos de selección en tiempo real. En el Tevatrón del laboratorio Fermilab, en Estados Unidos, se implementaron jerarquías de filtros electrónicos capaces de reducir millones de colisiones por segundo a apenas unas decenas registrables. Con la llegada del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), la escala cambió por completo: decenas de millones de colisiones por segundo debían reducirse a solo unas centenas almacenables. Para lograrlo fue necesario construir enormes centros de procesamiento y desarrollar el Worldwide LHC Computing Grid, una red mundial de cómputo distribuido que en su momento se convirtió en la mayor infraestructura científica de su tipo y antecedente directo de lo que hoy conocemos como computación en la nube. 

 

La inteligencia artificial nació en los laboratorios científicos mucho antes de llegar a nuestra vida cotidiana.

 

Cada salto tecnológico en los aceleradores ha estado acompañado por transformaciones en las herramientas informáticas. La electrónica analógica de los primeros aceleradores del CERN dio paso a las grandes computadoras centrales; más tarde surgieron las redes de estaciones de trabajo, el nacimiento de la World Wide Web en 1989 y, posteriormente, las granjas de procesadores especializados que hoy sostienen la física de partículas. De esta manera, la historia de los aceleradores ha avanzado en paralelo con las fronteras de la informática. 

 

Otro aspecto fundamental ha sido el modelo abierto con el que se desarrollan estas herramientas. Programas como ROOT, GEANT o TMVA, creados en el CERN para análisis y simulación de datos, se distribuyen de forma libre y han sido utilizados por miles de científicos e ingenieros fuera de la física de partículas, convirtiéndose en plataformas de formación tecnológica global. 

 

El siguiente paso fue la adopción de técnicas de aprendizaje automático. Los métodos estadísticos tradicionales comenzaron a resultar insuficientes ante la complejidad de los datos. En ese contexto se popularizaron algoritmos como los Boosted Decision Trees (BDT), técnicas estadísticas desarrolladas en los años noventa que encontraron en la física de partículas uno de sus primeros campos de aplicación masiva. En la búsqueda del bosón de Higgs, por ejemplo, estos métodos contribuyeron a mejorar significativamente la sensibilidad de los análisis. 

 

En lo personal, el vínculo con las redes neuronales comenzó mucho antes de su popularización actual. Durante mi formación académica trabajé con ellas en aplicaciones de control de instrumentos y en estudios sobre circuitos neuronales biológicos. En aquellos años, dentro de la física de partículas, las redes neuronales eran vistas como herramientas curiosas pero marginales. Incluso durante el doctorado en Fermilab persistía cierto escepticismo. Con frecuencia surgía la pregunta: “¿por qué usar redes neuronales?”. Hoy la situación es prácticamente inversa. En los experimentos del LHC, la pregunta suele ser: “¿por qué no utilizarlas?”. Este cambio de perspectiva se refleja también en el reconocimiento reciente del Premio Nobel de Física 2024 a John Hopfield y Geoffrey Hinton por sus contribuciones fundamentales al aprendizaje automático. 

 

Actualmente, la relación entre aceleradores e inteligencia artificial es aún más estrecha. Los sistemas modernos de selección de datos emplean redes neuronales profundas que operan en tiempo real dentro de hardware especializado. En experimentos como LHCb, el proceso de selección se realiza completamente mediante software basado en inteligencia artificial. En ATLAS y CMS, otros grandes detectores del LHC, las redes se utilizan para identificar tipos de partículas y reconstruir trayectorias en entornos extremadamente densos. Incluso los detectores del futuro contemplan integrar algoritmos de aprendizaje directamente en su electrónica. 

 

Cada colisión en el LHC produce más información de la que una persona podría revisar en toda su vida.

 

La inteligencia artificial también comienza a aplicarse en el diseño y operación de los propios aceleradores. Se están desarrollando algoritmos capaces de ajustar imanes superconductores, optimizar el comportamiento del haz y predecir errores en los campos magnéticos. En proyectos como el Future Circular Collider se estudia la posibilidad de utilizar redes neuronales para adaptar dinámicamente la óptica del acelerador. 

 

Esta relación ha sido claramente bidireccional. Muchas herramientas desarrolladas en la física de partículas migraron hacia áreas como la biomedicina, la astrofísica, la economía o la industria tecnológica. Al mismo tiempo, los avances impulsados por el mercado digital regresan a la física, proporcionando nuevas capacidades de análisis y control. 

 

Los aceleradores y la inteligencia artificial se han convertido así en sistemas interdependientes. La ciencia de frontera exige procesar información en condiciones extremas; la sociedad digital demanda tecnologías capaces de hacerlo. Entre ambas surge una dinámica singular: el conocimiento avanza no solo impulsado por la curiosidad científica, sino también por la necesidad de comprender y gestionar un mundo cada vez más dominado por datos. 

Aceleradores de frontera, ¿o del futuro?
Obsidiana Digital | Científicos
Obsidiana Digital | Científicos
Cuando la ciencia ilumina el progreso: el sincrotrón como motor del desarrollo de un país

Newsletter

Suscríbete a nuestro newsletter y recibe lo último en publicaciones y contenido exclusivo.

Obsidiana Digital 2025
Obsidiana Logo ASTRYD Editorial IA