Cuando Karen Salomé Caballero Mora llegó a Tuxtla Gutiérrez en 2014, el contraste fue inmediato: más verde, más calma, garzas y cotorros en el cielo. Desde la Facultad de Ciencias de Física y Matemáticas de la Universidad Autónoma de Chiapas continúa una trayectoria que comenzó años atrás, en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde descubrió que podía unir sus tres intereses —astronomía, partículas e informática— en un mismo camino: las astropartículas.
La curiosidad la llevó a tocar puertas; esa decisión marcó su entrada a la astrofísica de frontera.
El punto de quiebre fue sencillo pero decisivo. Una materia optativa no se abrió y, en lugar de resignarse, fue a buscar al profesor al Instituto de Ciencias Nucleares. Esa iniciativa la llevó al Observatorio Pierre Auger y al análisis de los primeros datos de rayos cósmicos de ultraalta energía. Ahí entendió que su trabajo consistiría en descifrar el universo a partir de señales invisibles convertidas en datos.
Con el tiempo colaboró en proyectos como IceCube, HAWC y SWGO. Entre los avances recientes más relevantes destaca la confirmación con alta probabilidad del “corte GZK” en el espectro de energía de los rayos cósmicos y nuevas evidencias sobre su composición, que parece combinar elementos ligeros y pesados. Para Karen, estos hallazgos han redefinido la última década en el área.
También subraya que México no ha sido espectador: empresas y grupos nacionales han participado en el diseño de tanques, detectores y software para estos experimentos, conocimiento que luego se transfiere y fortalece capacidades tecnológicas en el país.
Como integrante de la red Mujeres Sembrando Conciencias, reconoce que la física sigue siendo un espacio donde las mujeres son minoría. En su colaboración internacional es la única investigadora del grupo mexicano y en su facultad es la única profesora de tiempo completo. Esa condición implica retos adicionales en estructuras laborales que aún no contemplan plenamente las responsabilidades de cuidado.
En lo personal, admite que su vida ha estado dedicada casi por completo a la ciencia. No lo plantea como renuncia, sino como elección: ha disfrutado el camino, aunque eso signifique desafiar expectativas sociales.
Su invitación final es directa: leer divulgación científica. Entender cómo funciona el mundo ayuda a no caer en engaños ni en soluciones fáciles. La ciencia es exigente, sí, pero también es hermosa cuando se explica con claridad.