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El Observatorio Pierre Auger: un detector gigantesco, en pedacitos

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Publicación: calendar_month 9 de marzo de 2026

Agazapado en la Pampa Amarilla y casi mimetizado con el paisaje de Malargüe, en Mendoza, Argentina, se encuentra el Observatorio Pierre Auger. A simple vista puede parecer una extensa red de tanques dispersos en el campo. En realidad, es el detector más grande del mundo dedicado al estudio de los rayos cósmicos ultra-energéticos (RCUE), es decir, partículas que llegan desde el espacio con energías superiores a 10¹⁷ electronvolts (eV). También estudia fenómenos de cosmo-geofísica (CG), procesos que conectan el espacio con la atmósfera terrestre. 

 

Los rayos cósmicos (RC) son núcleos atómicos y partículas cargadas que viajan por el universo hasta impactar la atmósfera de la Tierra. Su existencia fue confirmada en 1912 por Victor Hess, quien demostró que su origen era extraterrestre. Más tarde, el físico mexicano Manuel Sandoval Vallarta contribuyó a establecer que muchos de ellos son núcleos atómicos, principalmente protones. Cuando estas partículas alcanzan energías extremas —millones de veces mayores que las que se producen en aceleradores terrestres convencionales— se les denomina rayos cósmicos ultra-energéticos. 

 

El interés por los RCUE no es menor: se busca conocer cuáles son sus fuentes, cómo se aceleran a energías tan extraordinarias, cómo se propagan en los campos magnéticos del universo y si pueden ofrecer pistas sobre física más allá del Modelo Estándar de partículas elementales. 

 

Para estudiarlos, Auger funciona como una supermáquina dividida en sistemas complementarios. Cuando un rayo cósmico ultra-energético entra en la atmósfera, produce un chubasco atmosférico extendido (CAE), una cascada de partículas secundarias que se propaga hacia el suelo. Este chubasco tiene tres componentes principales: muónica (formada por muones), electromagnética (electrones y fotones) y hadrónica (partículas compuestas como protones y neutrones). Medir cada componente permite reconstruir la naturaleza de la partícula original. 

 

El detector de superficie (SD, por Surface Detector) está compuesto por 1,660 estaciones distribuidas en un área de aproximadamente 3,000 kilómetros cuadrados. Cada estación es un tanque de 12 toneladas de agua pura, llamado detector Cherenkov en agua (WCD, por Water Cherenkov Detector). Allí se registra la luz Cherenkov, producida cuando una partícula viaja en el agua más rápido que la luz en ese medio. Sobre cada tanque se han añadido detectores de centelleo superficial (SSD, Surface Scintillator Detector), que ayudan a distinguir mejor las componentes del chubasco. 

 

Los rayos cósmicos ultra-energéticos son mensajeros de los procesos más extremos del universo.

 

Además, cada estación incluye un detector de radio (RD), que mide señales electromagnéticas en el rango de 30 a 80 megahertz. Bajo parte del arreglo se encuentran contadores de muones del sistema AMIGA (Auger Muons and Infill for the Ground Array), que consisten en detectores enterrados capaces de medir con mayor precisión la componente muónica del chubasco. 

 

En los bordes del arreglo de superficie se ubica el detector de fluorescencia (FD, Fluorescence Detector), conformado por 27 telescopios distribuidos en cuatro edificios. Estos telescopios observan, durante noches despejadas, la tenue luz ultravioleta que produce el chubasco al atravesar la atmósfera. Mientras el SD detecta la huella que las partículas dejan en el suelo, el FD observa el desarrollo completo del evento en el cielo. Ambos sistemas se complementan: el SD opera el 100% del tiempo, mientras que el FD, aunque funciona solo alrededor del 15% del tiempo, permite calibrar con gran precisión la energía de los eventos. 

 

El observatorio también estudia fenómenos atmosféricos como los destellos terrestres de rayos gamma (TGFs, Terrestrial Gamma-ray Flashes), así como eventos luminosos transitorios en la ionosfera conocidos como ELVES y SPRITES. Este conjunto de estudios forma parte de la cosmo-geofísica. Para ello, Auger cuenta con instrumentos adicionales como sistemas LIDAR para monitoreo atmosférico y globos meteorológicos. 

 

Todo este entramado tecnológico se coordina desde el centro de control cercano a la Ruta 40, donde se ensamblan, monitorean y almacenan los datos. El grupo mexicano de la colaboración está integrado por investigadores y estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) y otras instituciones. 

 

Medir la huella en el suelo y la luz en el cielo permite reconstruir el origen de una partícula cósmica.

 

El Observatorio Pierre Auger es, en esencia, una máquina monumental construida en pedazos. Una superestructura distribuida sobre la tierra que escucha señales diminutas provenientes de los rincones más energéticos del universo. En cada tanque, en cada antena y en cada telescopio se refleja una misma aspiración humana: comprender de dónde vienen las partículas más extremas que nos atraviesan y, al hacerlo, entender mejor nuestro lugar en el cosmos.

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