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Sueños circulares y catedrales subterráneas

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Publicación: calendar_month 9 de marzo de 2026

Casi seiscientos años de obra. Los primeros maestros de construcción sabían que jamás verían terminada la catedral. Aun así, colocaron la primera piedra. No era un proyecto para una generación, sino para muchas. 

 

En el CERN, cerca de Ginebra, circulan hoy planos que evocan esa misma ambición. Dibujan un túnel de casi 91 kilómetros de circunferencia que atravesaría la región fronteriza entre Francia y Suiza, con tramos bajo el lago Lemán. El proyecto se llama Future Circular Collider (FCC) y busca ir más allá del actual Gran Colisionador de Hadrones (LHC). Su objetivo: explorar con una energía y precisión inéditas la maquinaria íntima de la naturaleza. 

 

Estudio de factibilidad y horizonte de decisiones 

El 31 de marzo de 2025, el CERN publicó el informe de factibilidad técnica, financiera y geológica del FCC. Más de 1,400 científicos e ingenieros participaron en su elaboración. La conclusión fue clara: no existen obstáculos técnicos insalvables para su construcción. 

 

El documento detalla estudios del terreno, modelos de ingeniería, escenarios presupuestales y fases operativas. El costo estimado asciende a 15,300 millones de francos suizos. Sin embargo, aún no existe una decisión política definitiva ni un plan cerrado de financiamiento. 

 

Parte del trabajo preliminar ya comenzó. Entre 2025 y 2026 se realizan estudios sísmicos y perforaciones bajo el lago Lemán para determinar profundidad, estabilidad y trazado óptimo del túnel. Si el proyecto recibe aprobación formal, la construcción podría iniciar en la década de 2030. Las primeras colisiones ocurrirían en la década de 2040. La fase más energética, basada en protones, operaría décadas después. 

 

El FCC no es todavía una realidad, pero está más cerca que nunca de convertirse en una decisión histórica. 

 

Un programa doble: precisión y potencia 

 

El diseño del FCC contempla dos etapas complementarias, siguiendo la lógica empleada en el LHC: 

  • FCC-ee: colisionador de electrones y positrones. Su misión sería medir con altísima precisión las propiedades del bosón de Higgs y de las partículas W y Z. Una “fábrica de Higgs” destinada a refinar el modelo actual de la física de partículas. 
  • FCC-hh: colisionador de protones —y posiblemente iones— que reutilizaría el mismo túnel con tecnología adaptada para alcanzar energías de hasta 100 teraelectronvoltios (TeV), aproximadamente cuatro veces la energía máxima del LHC. 

 

Esta combinación permitiría unir precisión extrema con exploración energética, abriendo la puerta tanto a mediciones detalladas como a la búsqueda de fenómenos aún desconocidos. 

 

Ecos desde oriente 

 

Mientras Europa evalúa el FCC, China impulsa el Circular Electron Positron Collider (CEPC), también de unos 100 kilómetros de circunferencia. Su diseño técnico fue publicado en diciembre de 2023. La propuesta contempla una transición posterior hacia un colisionador de protones denominado SppC. 

 

Si recibe aprobación gubernamental, su construcción podría comenzar en 2027 o 2028 y su operación iniciarse hacia mediados de la década de 2030. De concretarse en esos plazos, el CEPC podría comenzar a generar datos antes que el FCC. Ambos proyectos, sin embargo, enfrentan desafíos de financiamiento, cooperación internacional y sostenibilidad a largo plazo. 

 

Ingeniería al límite 

 

Excavar un túnel de 91 kilómetros bajo suelos variables y con tramos sublacustres exige una precisión estructural extraordinaria. El estudio del FCC prevé una profundidad promedio cercana a los 200 metros. Se han evaluado presiones de agua subterránea, estabilidad sísmica, drenaje y fatiga estructural. 

 

Los imanes superconductores deberán operar a 1.9 kelvin —casi el cero absoluto— y generar campos magnéticos de 16 teslas o más, más del doble que los actuales. Los sistemas de vacío, enfriamiento y sincronización del haz requerirán tolerancias mínimas y control en tiempo real. 

 

Desde 2025, el lecho del lago Lemán es cartografiado mediante estudios sísmicos y perforaciones exploratorias para ajustar el diseño definitivo. 

 

 

México y Latinoamérica en el tablero 

 

Aunque estos proyectos se diseñan en Europa y Asia, América Latina no está al margen. México participa en el LHC mediante detectores, instrumentación y análisis de datos. Existen grupos mexicanos activos en estudios vinculados al FCC, incluyendo universidades como la de Guanajuato, la Autónoma de Sinaloa y la Autónoma de Yucatán. 

 

También hay investigadores mexicanos trabajando directamente en el diseño del sistema de aceleración y guía del FCC-ee, contribuyendo a optimizar la trayectoria y estabilidad de los haces en el futuro anillo de 91 kilómetros. 

 

Participar desde la etapa de concepción ofrece una oportunidad estratégica: no solo colaborar en resultados, sino influir en el diseño mismo de la próxima infraestructura científica global. 

 

Tiempo, ambición y persistencia 

 

Como el Duomo de Milán, los grandes proyectos científicos superan la vida de quienes los inician. Construir algo que probablemente no veremos terminado es una apuesta cultural y moral, además de técnica. 

 

Entre 2027 y 2028 podría tomarse la decisión política que determine si estas catedrales subterráneas se convierten en realidad o permanecen en planos y estudios. 

 

La factibilidad técnica ya fue demostrada. El siguiente paso no depende de la física, sino de la voluntad colectiva de invertir en una obra que llevará generaciones completar. Su legado no será solo ampliar la comprensión del universo, sino también desarrollar las herramientas, tecnologías y capacidades que permiten explorarlo. 

Como las catedrales medievales, estos túneles circulares no solo buscan elevar piedra sobre piedra, sino conocimiento sobre conocimiento. 

 

Frases clave 

• El FCC es una apuesta generacional comparable a las grandes catedrales de la historia. 

• La factibilidad técnica está demostrada; la decisión ahora es política y colectiva. 

• Precisión extrema y energía sin precedentes definen la próxima frontera de la física. 

• La competencia científica entre continentes marca el ritmo de la era post-LHC. 

• Participar desde el diseño es asegurar presencia en el futuro del conocimiento. 

 

 

 

 

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