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Publicación: calendar_month 3 de octubre de 2026

¿Cómo surge tu primer libro de divulgación?

Por un accidente. En 2014, Artur Ávila gana la medalla Fields. Y recibo un correo desde el CONICYT de Chile, pidiendo un reporte sobre su participación en un congreso que ellos habían financiado. Recuerdo que me sentí un poquito acorralado, pues Artur no había podido venir.

Para muchas personas, su única relación con las matemáticas sigue siendo la escuela, y ahí comienza buena parte del rechazo hacia ellas

¿Tenía que hacer un reporte científico diciendo que no había podido venir?
A mí siempre me ha gustado escribir. Resolví, entonces, tratar de convencerlos de que lo que ellos querían no era un reporte técnico, sino más bien una nota de prensa. Y empecé a inventar un relato a partir de historias reales, que yo conocía.

“Artur no pudo venir, pero ha estado dos veces en Chile. La primera vez fue en una Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas, en el año 1995. Para esa olimpiada le pedimos a José Balmes, un gran pintor chileno, que hiciera el afiche. Y lo hizo. Lamentablemente, ese cuadro se lo robaron y hasta el día de hoy está desaparecido”.

Escribí un montón de historias así en la nota. La envié y lo que pasó entonces fue, “mágico”. Salí de mi oficina, un poquito nervioso, porque no sabía en qué iba a terminar ese asunto. Cuando vuelvo más tarde a mi oficina me encuentro un email directo de la presidenta del CONICYT. Me escribe así, muy coloquialmente: “muy bonito tu relato, Andrés, lo despachamos a El Mostrador”. El Mostrador es el diario electrónico más leído en Chile. Abro el diario y ya estaba publicado. No puede ser, 

¿Qué está pasando acá?
Pero me quedé más tranquilo. Pensé que había salido de mi problema, que era lo que importaba en el momento.

Estoy hablando del año 2014, en esa época, en la prensa en Chile no había casi nada de ciencia, y yo, de repente, tenía un artículo publicado en un diario de gran alcance. En esa época El Mostrador tenía un contador de visitas para cada artículo. Y vi que el contador empezaba a subir. Llegamos rápidamente a los miles de visitas, yo estaba sorprendido. Una semana después, fui a conversar con la gente de El Mostrador y les dije, bueno, ya que publicaron esto, y anduvo bien, ¿qué tal si nos embarcamos en la aventura de publicar notas de matemáticas? Y lo aceptaron: veamos qué resulta, me dijeron. Y así empezó.

¿Cómo describirías la relación cultural que nuestras sociedades tienen con las matemáticas más allá del ámbito escolar?
Un problema grave es que, para la mayoría de las personas, la única relación con la matemática es la escolar. Se quedaron clavadas ahí, en esa percepción y en una suerte de sentimiento generado por la relación específica que hayan tenido con la matemática en la escuela. Eso, digamos, es una primera traba. La gente cree, en general, que la matemática es algo que no es. Nosotros, como matemáticos, sabemos que la matemática es algo mucho más extenso, hermoso y apasionante que lo que quedó plasmado en la escuela.

Es allí donde, por ejemplo, iniciativas como el Museo Virtual de Matemáticas o como el Festival de Matemáticas, ayudan a romper un poco ese hielo que se produce al tratar de comunicar las matemáticas. 

Ahora, para la gente que ya tiene una relación con la matemática más allá de la escuela, gente que busca contenidos, tenemos otro problema con la manera en que hemos ido focalizando esos contenidos. De alguna manera, hemos tratado de hacer pasar los contenidos que hemos visto que funcionan, por encima de los que realmente queremos hacer pasar.

A veces, a mí no me gusta tratar de caer demasiado en lo “matemáticamente entretenido”, simplemente porque eso ha funcionado. Nosotros, como matemáticos, sabemos que lo que queremos transmitir, al final de cuentas, es alguna idea matemáticamente profunda, que es la savia de la matemática, el meollo, la idea. Aquello minimalista que hace funcionar al mundo.

Y a mí, particularmente, me gusta transmitir el hecho de que la esencia misma de la matemática son las ideas y que hay que escarbar un poco para llegar a esa pequeña esencia.

En la divulgación contemporánea, a veces se privilegia el acceso inmediato y lo lúdico. ¿Existe el riesgo de transmitir que las matemáticas son, en el fondo, fáciles?

Se corre un poco ese riesgo, sí. En realidad, quieres decir lo contrario: las matemáticas son complicadas. La matemática tiene su ritmo y es lento. Por supuesto, hay gente que es más rápida en asimilarla. Hay una frase de Gromov que me parece muy adecuada: la matemática no trata de rapidez, trata de profundidad.

Y no importa si tú no conoces mucha matemática; pero si conoces bien una idea y la atesoras, la acaricias, la modificas y la trabajas… eso es llegar a la esencia misma de la matemática. Y creo que un problema cultural de la época en que estamos viviendo es que tratamos de acelerarlo todo. Pero, lamentablemente, los procesos mentales de comprensión no se aceleran. 

La matemática es una carrera de largo aliento, al final de cuentas. Y en esta carrera, quienes más perduran no son los mejores ni los más rápidos, sino los que tienen más resistencia. Y es en esa resistencia donde uno ve un sentimiento genuino de amor a las matemáticas

Se suele decir que las matemáticas están en todas partes, pero más allá del lugar común, ¿cómo entiendes tú esa afirmación? 

Las matemáticas no tienen que ser rápidas ni fáciles: comprender una idea a profundidad puede ser mucho más valioso que acumular procedimientos.

¡Están en todas partes! Yo le digo a los niños: “ustedes abrieron el teléfono, pusieron su clave, ahí está encriptado, números primos, etcétera”. Y todas esas historias que nosotros sabemos súper bien. 

Este año celebramos el Mundial de Futbol y yo estaba preparando una charla para profesores del Campeonato Escolar de Matemáticas, hablaba de la geometría de los balones deportivos y, encontré una frase del escritor francés Albert Camus. Pero, ¿qué tiene que ver Camus con el fútbol? Él fue futbolista amateur y escribió un artículo muy lindo que se llama “Lo que le debo al fútbol”. Lo escribió para una revista de deportes.

En él hay frases muy notables, por ejemplo, la famosa frase: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Pero hay una que me encanta, que dice: la matemática, perdón, "la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”. Y creo que ahí hay un elemento sorpresa. Hay matemática donde tú no la esperas. Hay matemática donde tú no crees que hay.

Hay matemáticas donde menos las esperamos: en un teléfono, en un balón de fútbol o en cualquier problema que nos obligue a mirar de otra manera. 

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Aubin Arroyo Camacho Doctor en Matemáticas

Unidad Cuernavaca del Instituto de Matemáticas, UNAM

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