Versión auditiva
Maricarmen, muy buenas tardes, qué gusto saludarte.
Hoy quiero platicarte de algo que ya está cambiando la forma en la que entendemos un banco.
Existe la posibilidad de tener una especie de banco completamente digital, que prácticamente opera solo. No tiene sucursales, no cierra a las cuatro de la tarde, no descansa los domingos y no necesitas que una persona esté detrás autorizando cada movimiento.
Tú tienes tu dinero, tú lo custodias y desde tu teléfono puedes moverlo. Puedes mandarlo a cualquier parte del mundo, poner una parte a generar rendimientos o incluso utilizarlo como garantía para conseguir un préstamo. Y todo ocurre prácticamente en el momento, sin importar si son las dos de la tarde o las tres de la mañana.
Bueno, la tecnología que permite construir este tipo de servicios es el blockchain.
Y explicado de la manera más sencilla, blockchain es como tener un enorme libro de cuentas digital que no está guardado en la computadora de un solo banco. Hay muchas computadoras verificando simultáneamente qué dinero existe, quién lo tiene y qué operaciones se realizaron.
Por eso no necesitas que haya una sola institución llevando las cuentas. La propia red se encarga de comprobar que una operación sea válida y de dejarla registrada.
Esa explicación sólo para visualizar un poco como funciona esto del blockchain, sin embargo por diversos aspectos más técnicos está comprobado que es seguro y más ágil que un banco tradicional.
Pero aquí viene la parte todavía más interesante: sobre este sistema llamado blockchain se han construido programas que manejan dinero automáticamente. No necesita preguntarle a un gerente, esperar al lunes o mandar un expediente con autorización. Y ahí es donde empiezan a aparecer servicios que se parecen muchísimo a los de un banco pero más ágiles: ahorro, rendimientos, transferencias, cambio de monedas y préstamos.
Programas que ejecutan este tipo de servicios hoy en día custodian 71 mil millones de dólares. 71 mil millones de personas que ya confían y acceden a préstamos sobre estos programas.
Ahora pensemos en alguien que tiene una carnicería, una florería o un negocio en la Central de Abasto.
Puede llevar quince años vendiendo, tener dinero ahorrado, mercancía, proveedores y un negocio perfectamente rentable, pero quizá nunca construyó un historial crediticio suficiente para un banco.
Y de repente necesita cien mil pesos para comprar mercancía, o hay un nuevo local para renta y la persona tiene ya la idea desde antes del tipo de local que hace falta en el centro o en la central de abastos o en el mercado ya conoce a proveedores y podría hacerlo para pedir un préstamo.
Fuera del banco puede encontrarse con alguien que le presta al 4% mensual. El problema es que ese 4% mensual, si se capitalizara mes con mes, termina siendo más de 60% efectivo al año.
Aquí es donde podemos conectar las dos historias.
Ese comerciante puede abrir desde su teléfono una billetera digital. Hace su proceso de identificación, transfiere dinero y puede convertir una parte a USDT.
USDT es bastante sencillo de entender: es un activo digital diseñado para valer aproximadamente un dólar. Si tienes 1,000 USDT, tienes un activo cuyo objetivo es mantener un valor cercano a 1,000 dólares.
Con esos activos puede entrar a protocolos financieros que ya funcionan sobre blockchain, dejar una garantía y solicitar un préstamo. Todo desde el teléfono y sin depender del horario de una sucursal.
Y fíjate en lo importante: para hacer todo esto no necesitó tener el historial crediticio que normalmente le pediría un banco. No importó si durante los últimos diez años utilizó poco una tarjeta de crédito o si buena parte de sus ventas fueron en efectivo. El sistema no le está prestando porque conoce su historia; le está prestando porque dejó una garantía suficiente para respaldar esa operación.
Para un comerciante informal esa diferencia puede ser enorme. Puede tener ahorros, mercancía y un negocio que genera dinero todos los días, pero no necesariamente los documentos o antecedentes financieros que necesita para conseguir un crédito tradicional.
Blockchain abre una puerta distinta: utilizar lo que ya tienes para acceder a liquidez, sin que tu falta de historial bancario sea necesariamente la barrera de entrada.
Y entonces una tecnología que comenzó sonando lejana termina resolviendo algo tremendamente cotidiano:
Tengo mercancía enfrente, tengo un negocio que funciona, necesito dinero hoy… ¿quién me presta y cuánto me cuesta?
Y aquí, Maricarmen, hay una reflexión que me parece todavía más importante.
Buena parte de la historia de las finanzas consiste precisamente en esto: cómo utilizar bien el crédito para convertir lo que tienes hoy en una oportunidad mayor mañana. Una empresa pide dinero para comprar una máquina; una familia, para comprar una casa; un comerciante, para comprar más mercancía. Bien utilizado, el crédito permite crecer más rápido.
El problema es que una herramienta tan poderosa nunca ha estado igual de disponible para todos.
En México, más de la mitad de las personas que trabajan lo hacen en la informalidad.
Estamos hablando de millones de personas que producen, venden y generan riqueza, pero que muchas veces tienen un acceso limitado o muy caro al financiamiento.
Ahora piensa qué pasaría si una parte de ese enorme sector pudiera acceder desde su teléfono a nuevas fuentes de crédito, con más competencia y mejores condiciones.
Podríamos darle una herramienta de crecimiento a la carnicería, al taller, a la florería, al puesto del mercado, al pequeño comerciante que hoy se financia como puede.
Pero tenemos un problema.
Hoy estos servicios todavía están pensados, en buena medida, para gente que conoce este mundo. Hay que saber abrir una billetera, entender qué activo estás utilizando, qué garantía estás dejando y qué riesgo estás tomando. Para la mayoría de las personas sigue siendo complicado y, sobre todo, todavía no genera la confianza que genera abrir la aplicación de un banco.
Y ahí la regulación puede hacer una diferencia enorme.
La tecnología está avanzando muy rápido y las leyes muchas veces avanzan después. Un marco que entienda bien estos servicios, proteja al usuario y al mismo tiempo permita innovar podría ayudar a que dejen de ser herramientas para especialistas y se vuelvan productos financieros mucho más cotidianos.
Porque imagina, Maricarmen, que el dueño de una carnicería no tenga que saber qué es un protocolo, un token o un contrato inteligente.
Que simplemente abra su teléfono y vea:
Tienes disponible este crédito. Te cuesta tanto. Lo pagas en este plazo.
Y que detrás esté funcionando toda esta tecnología.
El día que lleguemos ahí, probablemente dejaremos de hablar tanto de blockchain.
Simplemente estaremos hablando de dinero.