La titular de la Secihti, Rosaura Ruiz, explicó que es complejo hablar de presupuesto suficiente para ciencia y tecnología, porque los grandes proyectos científicos del gobierno reciben recursos por fuera de las partidas ordinarias.
La ciencia y la cultura iluminaron la capital del país en una noche verdaderamente inolvidable. Más de tres mil personas participaron en la gran Observación Astronómica organizada por la revista Obsidiana: Ciencia y Cultura por México, encabezada por Lamán Carranza Ramírez, en colaboración con Noche de las Estrellas, Gobierno de la Ciudad de México, SEMOVI, Muévete en Bici, la UNAM, SECIHTI, Interastro y Skyshop.
En el marco de la Noche de las Estrellas, uno de los encuentros de divulgación científica más importantes del país, Jonathan, el joven mexicano que ha dedicado su vida a perseguir el sueño de llegar al espacio, compartió su historia, marcada por la perseverancia, la creatividad y la convicción de que la ciencia puede transformar realidades.
En sus inicios, en 1982, “Domingos en la Ciencia” tenía como escenario el Museo Tecnológico de la Comisión Federal de Electricidad. Ahí, científicas y científicos de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) ofrecían conferencias para niños y jóvenes, una valiosa oportunidad para charlar cara a cara con investigadores mexicanos, provocar el interés por la ciencia y, quizá, despertar algunas vocaciones científicas. Con el tiempo, el programa evolucionó y, en cada una de sus sedes, las charlas se impartían en diferentes días de la semana.
En la geometría se pueden construir cuerpos en tres dimensiones, delimitados por caras poligonales planas. Se les llama poliedros y hay de muchas formas. Si todas las caras del poliedro consisten en polígonos del mismo tipo (triangulares isósceles, cuadrados, etc.) se dice que se trata de un poliedro regular. Desde la antigüedad se sabía que hay solo cinco tipos de poliedros así: se les llama “sólidos de Platón”, por razones que vamos a explicar. La figura muestra los cinco poliedros.
Siempre es interesante investigar el origen de los términos que utilizamos en matemáticas, aunque sea para cosas tan prosaicas como las potencias a las que podemos elevar a los números. Si tenemos el 7, por ejemplo, podemos calcular su cuadrado, que es 7²=49, o su cubo, que es 7³=343.