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Publicación: calendar_month 3 de octubre de 2026

Durante años nos enseñaron matemáticas como si fueran simples fórmulas. Aprendimos a sumar, despejar una ecuación, calcular un porcentaje o memorizar un procedimiento para llegar al resultado correcto. El problema es que pocas veces nos enseñaron a ver para qué servía todo aquello fuera del salón de clases.

Y todos usamos matemáticas mucho más de lo que pensamos. No me refiero a sentarnos a resolver una ecuación, sino a decidir todos los días con información incompleta, comparar opciones, calcular riesgos, reconocer patrones y tratar de anticipar qué puede pasar.

En un negocio es evidente. Hay que saber cuánto cuesta producir, cuánto vender, qué margen tenemos, cuánto inventario necesitamos, si conviene financiarse, esperar o invertir. Una empresa puede vender mucho y perder dinero; otra puede crecer y quedarse sin flujo. Los números no toman la decisión, pero permiten entender qué está pasando antes de tomarla.

Lo mismo ocurre en muchas otras cosas. Cuando elegimos una ruta hacemos una estimación entre tiempo y distancia. Cuando contratamos un crédito comparamos costo y plazo. Cuando vemos que algo se repite comenzamos a identificar un patrón. Hasta en nuestras relaciones hacemos algo parecido: observamos conductas, frecuencias, reciprocidades y experiencias anteriores para decidir en quién confiamos o qué esperamos de una persona. Evidentemente nadie vive con una fórmula en la cabeza, pero nuestra manera de interpretar lo que ocurre está llena de relaciones, proporciones, probabilidades y comparaciones.

Las matemáticas nos ayudan a tomar mejores decisiones

La ciencia llevó esa capacidad muchísimo más lejos. Hoy las matemáticas permiten reconstruir imágenes del interior del cuerpo, estudiar millones de microorganismos, analizar mercados, controlar máquinas, diseñar estructuras, calcular riesgos y encontrar relaciones dentro de cantidades de información que una persona no podría revisar durante toda su vida.

La inteligencia artificial es quizá el ejemplo que tenemos más cerca. Parece una tecnología completamente nueva porque ahora podemos conversar con una máquina, generar imágenes o analizar enormes bases de datos en segundos. Pero detrás están la lógica, la estadística, la probabilidad, el álgebra y preguntas que matemáticos y filósofos comenzaron a plantearse mucho antes de que existiera una computadora como las conocemos hoy.

En este número de Obsidiana, de la mano de Alberto Mercado Saucedo, veremos qué matemáticas hacen posible obtener imágenes del interior del cuerpo; Daniel Hernández nos lleva por la historia del azar y la probabilidad; Atocha Aliseda entra en uno de los problemas centrales de la computación y del razonamiento; Luz de Teresa nos muestra cómo funciona la teoría del control, y Raúl Ibáñez lleva las sucesiones matemáticas hasta el arte. También hablaremos de inteligencia artificial, datos, microorganismos y de distintas formas en que las matemáticas aparecen donde pocas veces nos detenemos a buscarlas.

Durante años nos enseñaron a resolver fórmulas. Creo que ahora tenemos que aprender también a usar las matemáticas para leer mejor lo que tenemos enfrente: un negocio, una tecnología, un riesgo, una decisión o un problema.

Porque buena parte de nuestra vida consiste justamente en eso: tener información, entender qué significa y decidir qué hacemos con ella.

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Lamán Carranza

Lamán Carranza Ramírez es un divulgador científico, emprendedor y desarrollador de grandes proyectos. Es Abogado y Maestro en Derecho Parlamentario. Se desempeña como Director General de la revista Obsidiana: Ciencia y Cultura por México>>

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