En la vida pasa lo mismo, por eso es tan importante que en México se dé una educación cívica en primaria y secundaria que permita a la niñas, niños y jóvenes conocer sus derechos, sus obligaciones, como ejercerlos, y las reglas básicas para convivir en sociedad, que hoy tanta falta nos hace.
El fútbol nos ayuda a entenderlo muy bien. En un Mundial, por ejemplo, no importa si eres aficionado al América, a las Chivas o al Cruz Azul, cuando juega la selección de México, no hay colores, nos olvidamos del amarillo, el rojo y blanco o el azul, todos somos tricolores. Esa unión sucede porque hay algo más grande: el deseo de ver a nuestro país ganar.
Cuando desde la infancia entendemos esto, crecemos con conceptos diferentes que permiten ver más allá de ciertas posturas o posiciones políticas. Tendríamos ciudadanos que verían a los partidos políticos, igual que los equipos, sabiendo que tienen formas distintas de entender el juego y por ende de jugar: algunos son más ofensivos, otros más defensivos; unos apuestan por la velocidad, otros por la estrategia. Pero cuando un partido llega al gobierno, es como cuando un jugador es convocado a la Selección: ya no juega por su club, juega por México.
Así debería funcionar nuestra vida pública: distintas posturas, ideas e ideologías, sí, pero un mismo objetivo: Una nación grande.
Los Mundiales nos han dado ejemplos muy ilustrativos de cómo el fútbol puede unir incluso a quienes estaban divididos, a mostrar respeto y fraternidad.
En 1998, durante el Mundial de Francia, el equipo campeón estaba formado por jugadores de orígenes muy distintos: argelinos, africanos y franceses, como Zinedine Zidane líder y estrella del equipo francés, y leyenda mundial, de ascendencia argelina. A ese equipo lo llamaron “Black-Blanc-Beur” (en alusión a los jugadores negros-blancos- árabes o de ascendencia norteafricana), y por unos días el país entero celebró la diversidad como una unidad que los hacía más fuertes.
En 2018, cuando Japón quedó eliminado, sus aficionados limpiaron las gradas del estadio antes de irse. Y el equipo dejó impecable su vestidor con una nota que decía “Gracias”. Ese gesto dio la vuelta al mundo como ejemplo de respeto, civismo y responsabilidad colectiva.
También en México debemos recordar que somos grandes anfitriones, no solo de dos copas del mundo (en 1970, y 1986) y una tercera en puerta (2026), sino por como atendemos a todo aquel foráneo que llega: “lo atendemos como en casa”, sería un error olvidar las palabras del astro brasileño, Edson Arantes do Nascimento, Pelé, que dijo, en referencia al mundial de México 70:
“Éramos bien recibidos en cualquier lugar al que íbamos, y después con el premio que Dios nos dio, de ser campeones del Mundo en México; a la afición mexicana, al pueblo mexicano, les agradezco de corazón todo el cariño y toda la atención que nos dieron.”.
Estas palabras nos conectan con la esencia del futbol y con el espíritu que queremos retomen en las niñas, niños y jóvenes: la amabilidad y fraternidad que nos caracteriza.
El fútbol nos enseña que nadie gana un partido solo. Que para avanzar necesitamos reglas, respeto y trabajo en equipo.
Si desde pequeños aprendiéramos educación cívica con la misma emoción con la que aprendemos a gritar un gol, quizá entenderíamos que el verdadero juego de la vida consiste en cuidar nuestro país, respetar a los demás y construir comunidad.
Porque, al final, no importa de qué equipo seas.
Lo importante es sacar adelante a México.
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Carlos Dante Román López es un profesional especializado en gestión pública, vinculación institucional y desarrollo de proyectos sociales. Su experiencia abarca la coordinación de iniciativas de impacto comunitario, la negociación con diversos sectores, la supervisión de equipos multidisciplinarios y la comunicación estratégica en español e inglés. Su trabajo se distingue por un enfoque colaborativo, analítico y orientado a generar valor público.
Es Licenciado en Derecho por el ITAM, donde su tesis sobre arbitraje sucesorio fue publicada por la Editorial Académica Española, y es Maestro en Administración Pública por el INAP.
A lo largo de su trayectoria ha colaborado tanto en el sector público como en el privado, lo que le ha permitido desarrollar una visión amplia sobre los retos y oportunidades de ambos entornos. Esta experiencia lo ha llevado a coordinar iniciativas interinstitucionales, gestionar proyectos de impacto social y participar en procesos de incidencia con actores gubernamentales, académicos y comunitarios. También ha sido expositor en temas de integridad, gestión pública, servicio al cliente y desarrollo institucional para organizaciones del sector público y privado.
Ha sido profesor del Tecnológico de Monterrey y la UDLA y ha colaborado como consultor y auditor en proyectos público privados. Asimismo, se desempeñó como Secretario Técnico de la Comisión de Transparencia a la Gestión en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
Actualmente es Director de Servicio Social y Vinculación en el Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe, donde impulsa alianzas con organizaciones de la sociedad civil y entidades gubernamentales, además de diseñar proyectos sociales alineados al modelo de Sentido Humano del Tec.