El próximo 11 de junio inicia la Copa Mundial del Fútbol organizada por la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación), a celebrarse en Estados Unidos, Canadá y México. La Copa Mundial se disputa cada 4 años y ésta será la número 23.
La primera se realizó en Uruguay, en 1930, y la ganó dicho país sede. Le siguió Italia en 1934, bajo el régimen fascista de Mussolini, en un torneo marcado por fuertes presiones políticas y acusaciones de arbitrajes comprados, favorables a Italia. Por ejemplo, España terminó su partido de eliminación con Italia con apenas 7 jugadores (de 11 regulares). El futbol, hay que decirlo, convoca a cientos de millones de aficionados en el mundo, ricos y pobres, pero sobre todo a los más pobres. Entre tanto, grandes empresas de comunicación, aquellas ligadas al deporte, los directivos y los jugadores más famosos, procuran sacar una tajada del evento.
La FIFA ha construido alrededor de esa pasión una de las organizaciones deportivas más poderosas y opacas del planeta. Sus finanzas operan con escaso control externo, protegidas por las reglas fiscales excepcionalmente laxas de Suiza, país que alberga por ese motivo a decenas de federaciones deportivas internacionales. Así, el negocio principal de la FIFA ya no está en la promoción deportiva, sino en la venta global de derechos de transmisión, marketing y patrocinios. Proporcionalmente, son muy pocas las personas que podrán pagar los boletos para ver “en vivo” el mundial, pero son decenas de millones quienes podrán verlo en la televisión.
La FIFA cuenta actualmente con un total de 211 delegaciones nacionales, ¡número superior a los 193 países integrantes de la ONU! La FIFA, además del trato privilegiado respecto de la carga fiscal, suele exigir a los países sede exenciones tributarias especiales para la organización del torneo, sus patrocinadores y socios comerciales. La FIFA no paga impuestos en EU desde 1994. Sin embargo, de los 48 países que participarán en esta copa mundial, sólo 18 estarán libres de impuestos, entre ellos México, pero no así los muchos recién llegados, incluidos los más pobres, como Costa de Marfil, Cabo Verde o Argelia, cuya presencia es básicamente testimonial.
En sus 115 años de existencia, la FIFA ha tenido solamente 12 presidentes, 10 de ellos europeos, uno brasileño, Joao Havelange, que conservó el puesto por 24 años (1974 - 1998), y un africano, Issa Haytou, que duró menos de un año (2015-2016), como relevo inmediato ante la renuncia forzada del suizo Joseph Blatter. El corto número de presidentes de la FIFA se debe a la repetida reelección (cada 4 años), de casi todos ellos. El más longevo en el puesto fue el francés Jules Rimet, hasta por 33 años, de 1921 a 1954, en cuyo honor se nombró a la Copa del Mundo por varios años. La FIFA nació en 1904, lo que la vuelve medio siglo más antigua que la ONU, y se ha caracterizado por una estructura de mando vertical. ¡Si sumamos las gestiones de Rimet, Havelange y Blatter, se llega a los 76 años! El actual presidente, Gianni Infantino, acumula ya 10 años en el puesto y ha anunciado su voluntad de reelegirse para el año que entra.
Una parte del atractivo de ser el líder de la FIFA es, sin duda, el dinero. Por ejemplo, se comprobó que Joseph Blatter pagó a Michel Platini, el extraordinario exjugador francés, que era entonces director de la UEFA, 2 millones de francos suizos por no presentar su candidatura a la presidencia de la FIFA en 2015. Ambos dijeron que el pago se debía a un adeudo previo por servicios no pagados por la mala situación económica de la FIFA años atrás. Excusa dudosa. Sin embargo, ambos dirigentes salieron bien librados, con tan sólo una sanción de inhabilitación en la FIFA y sin pisar la cárcel. El origen de esta investigación fue la votación viciada, realizada en 2010, para seleccionar las sedes de los mundiales de los años 2018 (Rusia) y 2022 (Catar).
Las investigaciones más detalladas sobre corrupción salieron a la luz hasta el año 2015. Loretta Lynch, la entonces secretaria de Justicia de EU, en combinación con el FBI y autoridades fiscales de dicho país trabajaron durante casi 5 años. La jurisdicción en los EU se justificó a partir de que el dinero de los sobornos y pagos ilegales a personas involucradas con la FIFA se realizaron, mayoritariamente, a través del sistema financiero estadounidense. De los 24 altos funcionarios de la FIFA en el año de 2010, 20 fueron acusados de actos ilícitos, más del 80%. La investigación contó con la ayuda forzada (a cambio de no proceder contra él) del excéntrico exdirector de la CONCACAF, el estadounidense, Chuck Blazer, quien tenía dos despachos en la Torre Trump de NY, uno para él y otro para sus gatos. Blazer y otros llevaron micrófonos ocultos, por años, en las reuniones internas de la FIFA.
Pero ¿cuáles son las principales fuentes de la corrupción pasada y acaso también actual? Repitamos. Primero, la venta de los derechos para la transmisión televisiva. Para el mundial actual la FIFA espera recibir 4.2 mil millones de dólares y los derechos al uso de la marca FIFA. Segundo, la venta de los derechos de marketing a las grandes compañías que saturan la demanda de bebidas, alojamientos, ropa deportiva, entre otros. Tercero, la venta de entradas y palcos para los 104 partidos programados. Este número de partidos, “repartido” entre las tres sedes resultó así: Estados Unidos, 77 partidos, en 11 ciudades; México, 13, en tres; y Canadá, también 13, en dos, lo que equivale a casi duplicar los partidos y las ganancias de este Mundial respecto de los anteriores, que agrupaban antes a 32 selecciones nacionales a lo largo de 64 partidos. Financieramente, se trata de dos Mundiales en uno. La apuesta es alta y las expectativas económicas, proporcionales a la “Era Trump”.
Los estadios revelan, desde sus nombres, la tendencia a poner los negocios por encima del aspecto deportivo:
Cada ciudad tiene su estadio asociado a alguna empresa global, desde ATT (Dallas), BBVA (Monterrey), o el viejo Estadio Azteca (Banorte), donde se llevará a cabo la inauguración. La final tendrá lugar en el estadio MetLife, en Nueva Jersey. El precio más alto para observar esta final, definido por estimaciones dinámicas de demanda al alza, se fijó en 10 mil 990 dólares, unos doscientos mil pesos (monto equivalente a 20 meses del salario mínimo en México). Es verdad que, en la inauguración del torneo en México el precio será menor, unos 50 mil pesos (“sólo” 5 meses de salario mínimo). Acaso por eso es que la presidenta Claudia Sheinbaum decidió no asistir al encuentro inaugural y regalar su boleto a una niña aficionada al futbol. Un gesto de sabor más bien simbólico, enmedio de la especulación general.