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Irma Cuevas: El eco de la tribuna

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Publicación: calendar_month 30 de mayo de 2026

Hay millones de personas que recuerdan exactamente dónde estaban durante un gol histórico. Sin embargo, la memoria es caprichosa: a veces no guarda la nitidez de la jugada, sino la textura de una voz, el eco de una frase o la tensión de un silencio absoluto en el instante preciso. El fútbol, antes que un espectáculo visual, es una experiencia que se expande por el oído.

En ese universo sonoro habita el trabajo de Irma Cuevas, periodista y comunicadora mexicana que ha transformado la crónica deportiva en un espejo de la memoria colectiva. Su historia con el micrófono no empezó en las aulas universitarias, sino en los domingos de infancia. En su casa, la convivencia familiar se construía alrededor del aparato de radio, no hacía falta estar en la tribuna para sentir la vibración del juego; las voces de los pioneros encendían la imaginación y creaban un sentido de pertenencia inmediato.


El verdadero parteaguas llegó cuando Irma cruzó el túnel de los estadios emblemáticos, como el Olímpico Universitario o el Azteca, ya no como espectadora, sino como reportera. En un ecosistema históricamente dominado por hombres, ella consolidó su propio estilo sin perder la capacidad de asombro. Quienes la vieron trabajar en la cancha recuerdan un detalle distintivo: Irma siempre cargaba un pequeño radio de pilas. Mientras observaba el césped, escuchaba la transmisión oficial, esa doble mirada, el ojo en el balón y el oído en la frecuencia, le permitió entender la joya de la corona de su oficio: la ciencia de las emociones.

Narrar un partido no es solo mencionar datos a gran velocidad; es un ejercicio de traducción neuroemocional. El cerebro humano responde con una potencia descomunal al estímulo de la voz, el timbre, las pausas y la velocidad activan la adrenalina de quien escucha en la soledad de un automóvil o en la cocina de su casa. Pero el gran secreto, confiesa Irma, no radica en saber hablar, sino en dominar el arte de callar.


"En los partidos es importante llevar un ritmo, pero también saber hacer pausas o silencios para escuchar lo que se vive en los juegos", explica. Cuando el cronista se silencia, el estadio habla. La respiración contenida antes de un penal o el rugido de la grada son elementos que ninguna inteligencia artificial puede interpretar con sensibilidad humana.

Narrar un partido no es solo mencionar datos a gran velocidad; es un ejercicio de traducción neuroemocional.

Frente a una época obsesionada con las pantallas inmediatas y las narrativas automatizadas, Irma defiende la radio como el refugio más noble y comunitario de la comunicación. En los rincones del país donde la señal digital no llega, el radio sigue uniendo generaciones.

Al final, las voces que se quedan grabadas para siempre en la cultura popular no son las más perfectas, sino las más honestas. Irma Cuevas lo demuestra cada vez que se enciende la cabina: las máquinas pueden procesar jugadas, pero solo las personas son capaces de contar cómo se sintió vivirlas.

En los partidos es importante llevar un ritmo, pero también saber hacer pausas o silencios para escuchar lo que se vive en los juegos.

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