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El videoarbitraje automático: ¡No fue penal!

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Publicación: calendar_month 30 de mayo de 2026

Es un signo de los tiempos: el árbitro y sus abanderados de carne y hueso bajan al terreno de juego acompañados de colegas electrónicos. Hoy en día computadoras y medio centenar de cámaras los vigilan y corrigen, en caso necesario.

En el fútbol moderno el sistema VAR (Video Assistant Referee) es la hoy imprescindible infraestructura de adquisición, sincronización y análisis de datos en tiempo real, diseñada para asistir al árbitro en decisiones críticas. Aunque lo que el público ve en la televisión es relativamente simple (repeticiones en cámara lenta), la arquitectura tecnológica es muy sofisticada.
En la base del VAR se encuentra una red de cámaras de alta velocidad y alta resolución. En competiciones como la Copa Mundial o la Champions League, se emplean entre 30 y 50 cámaras por estadio. Desde cámaras estándar (50–60 fps), hasta cámaras super slow motion (100–120 fps) e incluso ultra slow motion (hasta 500 fps). La multiplicidad de ángulos permite reconstrucciones espaciales bastante precisas de jugadas complejas. 

Un elemento crítico del VAR es la sincronización temporal. Todas las cámaras son combinadas mediante relojes de referencia, lo que permite comparar eventos simultáneos, por ejemplo, el instante exacto del contacto balón–pie en una jugada de fuera de juego. 
Sobre esta base se construye el sistema propiamente dicho: un equipo de árbitros en una sala remota (VOR, Video Operation Room) accede a todas las señales en tiempo real. Utilizan software especializado para observar jugadas cuadro por cuadro, aplicando un zoom digital y seleccionando ángulos relevantes. Ese software incorpora además herramientas de anotación, marcadores temporales y, en algunos casos, superposición gráfica. Incluso, en torneos recientes, se ha implementado el llamado “offside semiautomático”, que combina visión por computadora con sensores físicos. Aquí aparecen dos componentes importantes:

  • Primero, un sistema de tracking óptico basado en múltiples cámaras calibradas que detectan puntos clave del cuerpo de cada jugador (hasta 29 puntos en sistemas avanzados). Esto genera un modelo tridimensional de las posiciones corporales.

  • Segundo, un sensor inercial dentro del balón —introducido en balones oficiales como el de la Copa Mundial de la FIFA 2022— que mide aceleraciones a frecuencias del orden de 500 Hz. Este sensor permite determinar con gran precisión el instante exacto del golpeo del balón, reduciendo la incertidumbre en la definición del “momento del pase”.

Sin embargo, el VAR no elimina completamente los márgenes de error. Estos provienen de varias fuentes:

• En cuanto al espacio, la resolución de imagen y la precisión de calibración de cámaras introducen errores típicos del orden de ±2 a ±5 cm. La reconstrucción 3D depende de modelos geométricos del estadio y de la correcta identificación de puntos corporales, lo cual puede fallar en situaciones de oclusión (jugadores tapándose entre sí).
• En cuanto al tiempo, incluso con sensores en el balón, existe un error residual asociado al muestreo. A 500 Hz, la resolución temporal es de 2 ms; en ese intervalo, un jugador que corre a 7 m/s se desplaza aproximadamente 1.4 cm. 

Además, en decisiones subjetivas (faltas, manos), el VAR no elimina la interpretación humana. La tecnología proporciona evidencia, pero no una función de decisión automática. Por ello, el protocolo VAR limita su uso a “errores claros y obvios”, una restricción sujeta a interpretación.
Finalmente tenemos la capa de integración audiovisual para el espectador, que genera gráficas en tiempo real (líneas de fuera de juego, reconstrucciones 3D). Estos no son el cálculo en sí, sino una visualización posterior, lo cual a veces genera confusión: la imagen que ve el público no es necesariamente la que usó el árbitro para decidir, sino que es una representación simplificada del proceso.

En conjunto, el VAR es un sistema híbrido que combina visión computacional, sensores físicos, sincronización de alta precisión y juicio humano. A pesar de su sofisticación, opera cerca de límites prácticos de medición: los márgenes de error son pequeños, pero no despreciables, y en situaciones límite pueden ser comparables con las diferencias que se intentan decidir. Esto explica por qué, incluso con tecnología avanzada, persisten las controversias en jugadas milimétricas.


 

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