Siempre que decimos que somos químicos, la gente comenta que sufrió horrores en la secundaria y que le parecía el tema más complejo y enrevesado del mundo.
Cuando llega un estudiante al nivel de un posgrado en ciencia ha recorrido un largo trecho, más largo sin duda para las mujeres. Su camino probablemente empezó en preescolar.
Cuando me sugirieron escribir sobre mujeres matemáticas mexicanas me enfrenté a un dilema: como hombre que soy, ¿qué puedo decir?, ¿qué puedo aportar? Dando vueltas sobre este asunto no pude evitar recordar mis años de estudiante durante la licenciatura en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Cómo mexicana, el mayor honor para mí sería ver todos los campos de México rebosantes de QPM.
La simetría tiene un impacto significativo en la percepción humana de la belleza, y se ha estudiado en diversas disciplinas, incluyendo la psicología, la biología y el arte.
La dinámica geológica de nuestro planeta, a través de millones de años, ha originado una estructura compleja y un paisaje muy diverso.
“Soy científica”. Esta frase provoca diversas reacciones cuando la digo, desde la incredulidad (“¿qué es eso?”) hasta la burla (“científicos Newton y Einstein”), principalmente porque la ciencia no es un tema cercano a la mayoría de la gente de nuestro país, independiente de las categorías en las que prefiramos discutir las características de la sociedad mexicana: socioeconómicas, demográficas, etc.
Si bien el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), creado en 1984, siempre contempló la presencia de mujeres, en su forma original, no tenía acciones afirmativas para que las investigadoras participaran en forma equitativa.
Históricamente, las mujeres han afrontado una serie de barreras que limitan su participación y avance en diferentes ámbitos, en particular en el de ciencia, tecnología e innovación.
Cuando hablamos de ciencias sociales, ¿de qué hablamos? ¿Y cuando hablamos de género? ¿Qué diferencia hay entre las ciencias sociales y las mujeres, como campo de estudio, y las ciencias sociales vistas desde la teoría de género?
La biotecnología, disciplina relativamente reciente, se enfoca en la generación de conocimiento y métodos para el aprovechamiento de los recursos naturales con la ayuda de seres vivos. En la práctica se nutre tanto de la biología y sus disciplinas asociadas (bioquímica, biología celular y molecular), como de la ingeniería en su vertiente de bioprocesos, y tiene una amplia gama de usos.
La biotecnología farmacéutica es una rama de las ciencias biomédicas que utiliza sofisticadas tecnologías para producir sustancias biológicas a partir de organismos vivos. Se ha ganado un lugar importante dentro del mundo médico gracias a la capacidad de sus productos para inducir inmunidad contra diferentes agentes infecciosos, como virus y bacterias en forma de vacunas, así como por su flexibilidad para generar productos genéticamente mejorados para el tratamiento de enfermedades complejas como el cáncer o la diabetes.
Las enfermedades transmitidas por vector requieren la participación de un intermediario, como la malaria, el dengue, Zika y Chikungunya que necesitan un mosquito para transmitirse al ser humano. Es dentro de estos insectos que los patógenos1 se multiplican y llegan a sus glándulas salivales, desde donde son transmitidos al huésped vertebrado a través de una picadura.
El aumento de casos relacionados con deficiencias en fertilidad humana representa un problema de salud pública mundial. Aproximadamente, una de cada seis personas experimenta infertilidad (ver Figura 1). Las causas son multifactoriales y afectan tanto a mujeres como a hombres. Para abordar esta problemática, se han desarrollado alternativas conocidas como “técnicas de reproducción asistida” (TRAs).
En este número de Supermáquinas, nos sumergimos en las profundidades de la física y en las fronteras de la ciencia. La física de altas energías es también una proeza de la ingeniería pesada. Hablamos de anillos de kilómetros de circunferencia, imanes que operan a temperaturas más frías que el espacio profundo y sensores que capturan colisiones miles de veces por segundo.
La curiosidad es una fuerza discreta pero persistente. Suele empezar con algo pequeño: una pregunta que asalta al mirar el cielo o al desarmar un objeto para entender cómo funciona. Sin embargo, cuando esa chispa se organiza y se suma a la voluntad de cientos de personas, deja de ser una inquietud individual para convertirse en algo monumental. El resultado son las "supermáquinas", la materialización física de una apuesta colectiva por lo desconocido que va mucho más allá de la simple ingeniería.
calendar_month 13 de marzo de 2026