Muchas personas, cuando escuchan la palabra química, piensan en algo dañino, perjudicial y contaminante, pero yo comparto totalmente la confesión que hace Vicente Talanquer en su artículo La química en el siglo XXI, ¿ángel o demonio?: “…yo con la química llevo una relación pasional, una de esas relaciones que oscilan entre el amor y el odio.
Imagina un salón de clases o un laboratorio. Los estudiantes tienen un vaso, agua, una cuchara y azúcar. Andrea, la profesora, les pide que llenen el vaso con el agua.
Enseñar ciencias desde preescolar es una prioridad en el ámbito global. En el contexto actual es importante empezar a construir seriamente un mundo en paz y sostenible, donde la educación preescolar lleva ventaja sobre las etapas posteriores de enseñanza.
¿Debemos enseñar ciencia? Por supuesto, pero conviene recordar que existen diferentes imágenes de la ciencia en la sociedad. En este texto se considera la imagen pedagógica, es decir, la ciencia vista como actividad humana, como un quehacer creativo mediante el cual se buscan respuestas a interrogantes sobre la naturaleza de forma gradual y estructurada.
Siempre que decimos que somos químicos, la gente comenta que sufrió horrores en la secundaria y que le parecía el tema más complejo y enrevesado del mundo.
Cuando llega un estudiante al nivel de un posgrado en ciencia ha recorrido un largo trecho, más largo sin duda para las mujeres. Su camino probablemente empezó en preescolar.
Cuando me sugirieron escribir sobre mujeres matemáticas mexicanas me enfrenté a un dilema: como hombre que soy, ¿qué puedo decir?, ¿qué puedo aportar? Dando vueltas sobre este asunto no pude evitar recordar mis años de estudiante durante la licenciatura en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Cómo mexicana, el mayor honor para mí sería ver todos los campos de México rebosantes de QPM.
La simetría tiene un impacto significativo en la percepción humana de la belleza, y se ha estudiado en diversas disciplinas, incluyendo la psicología, la biología y el arte.
La dinámica geológica de nuestro planeta, a través de millones de años, ha originado una estructura compleja y un paisaje muy diverso.
“Soy científica”. Esta frase provoca diversas reacciones cuando la digo, desde la incredulidad (“¿qué es eso?”) hasta la burla (“científicos Newton y Einstein”), principalmente porque la ciencia no es un tema cercano a la mayoría de la gente de nuestro país, independiente de las categorías en las que prefiramos discutir las características de la sociedad mexicana: socioeconómicas, demográficas, etc.
Si bien el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), creado en 1984, siempre contempló la presencia de mujeres, en su forma original, no tenía acciones afirmativas para que las investigadoras participaran en forma equitativa.
Históricamente, las mujeres han afrontado una serie de barreras que limitan su participación y avance en diferentes ámbitos, en particular en el de ciencia, tecnología e innovación.
Cuando hablamos de ciencias sociales, ¿de qué hablamos? ¿Y cuando hablamos de género? ¿Qué diferencia hay entre las ciencias sociales y las mujeres, como campo de estudio, y las ciencias sociales vistas desde la teoría de género?