Uno de los principales pasivos que la actual legislatura federal hereda a la siguiente es la promulgación de la nueva Ley General de Aguas, en sustitución de la Ley de Aguas Nacionales de 1992.
Cuando observamos las grandes obras hidráulicas que sirven para satisfacer las necesidades de un país, una región o una gran ciudad, no siempre reparamos en que detrás de ellas se encuentran las decisiones de algún gobernante o equipo de técnicos que adoptaron la determinación de llevar a cabo su construcción.
Los antepasados nos heredaron la historia del agua en nuestra comunidad.
Actualmente nos encontramos inmersos en una gran crisis de disponibilidad de agua.
El territorio central de México está cruzado, desde el Pacífico hasta el Atlántico, por el eje neovolcánico transversal, donde se encuentran las principales cumbres y ríos del país.
¿Cuántos litros de agua se gastan en la producción de los alimentos y la ropa que utilizas? ¿Es correcto consumir tanta agua, cuando este recurso es cada vez más escaso por el cambio climático, la contaminación y el aumento de la población?
De acuerdo con el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, el suministro promedio anual del agua a la ciudad en la última década se sitúa en alrededor de los 31.4 metros cúbicos por segundo (m3/s), con un mínimo de 29.3 m3/s y un máximo de 33.6 m3/s (Sacmex, 2018).
Prácticamente desde la época colonial, la Ciudad de México manejó el agua sin ninguna consideración social, económica o ambiental.
Actualmente es una preocupación el vital líquido llamado agua, compuesto por dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, que permite la presencia de vida en el planeta Tierra y constituye una gema como obsidiana, muy preciada para la naturaleza y la Ciudad de México.
El agua reviste gran importancia como fuente y sostén de todo tipo de vida en nuestro planeta; a pesar de ello, no se le otorga la relevancia y prioridad que merece.
Los planes para dotar a la población de la Cuenca del Valle de México con agua asequible y de buena calidad deben considerar el ordenamiento hidrológico, que incluye la recuperación de la infraestructura, principalmente la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) de Atotonilco, Hidalgo, anunciada como una de las más grandes del mundo.
Estas tres preguntas fundamentales sobre nuestra existencia y el Universo constituyen el título de una famosa pintura de Paul Gauguin.
Cuando se hace un descubrimiento importante en la ciencia, quienes han trabajado en el tema suelen vivir el mejor de los tiempos en su carrera científica.
¿Cómo se preparaban los antiguos exploradores para ir a una tierra desconocida? ¿Qué los impulsaba a dejar sus hogares y aventurarse a otros mundos? Aquellos aventureros utilizaban mapas, barcos, caballos, caravanas, gente y una mezcla de audacia y cautela.
¿Tres cuartos de galón, tres graznidos de gaviota, tres dislates para el Señor Mark?
En este número de Supermáquinas, nos sumergimos en las profundidades de la física y en las fronteras de la ciencia. La física de altas energías es también una proeza de la ingeniería pesada. Hablamos de anillos de kilómetros de circunferencia, imanes que operan a temperaturas más frías que el espacio profundo y sensores que capturan colisiones miles de veces por segundo.
La curiosidad es una fuerza discreta pero persistente. Suele empezar con algo pequeño: una pregunta que asalta al mirar el cielo o al desarmar un objeto para entender cómo funciona. Sin embargo, cuando esa chispa se organiza y se suma a la voluntad de cientos de personas, deja de ser una inquietud individual para convertirse en algo monumental. El resultado son las "supermáquinas", la materialización física de una apuesta colectiva por lo desconocido que va mucho más allá de la simple ingeniería.
calendar_month 13 de marzo de 2026